-Despierta, pequeña.
Abrí los ojos, y de inmediato mi mirada se cruzó con otra que me miraba, quizás con demasiada ternura. Sonreí, imaginando que la mía propia, debía de transmitir lo mismo.
Hacía tiempo que no nos despertábamos así, los dos juntos, al mismo tiempo. Hoy en concreto, lo noté tenso. Con cuidado pasé la mano por su pelo, pero él se limitó a cogérmela, a darme un beso suave en la frente, y, acto seguido, levantarse y taparse con una manta.
-Quédate conmigo. -Pedí-
Alan negó con la cabeza, era extraño, solía quedarse.
No insistí.
Pelo revuelto, pijama arrugado, pasos lentos, mirada somnolienta. Llegué a la cocina y no me sorprendió ver el desayuno preparado.
Pero Alan no estaba.
Lo busqué por toda la casa, hasta encontrarle en mi habitación. Normalmente dormíamos en el cuarto de mis padres, por que estaban de viaje, así que no entendí porqué se había tumbado en mi cama. Me acerqué con cuidado. Me agaché. Sonreí. Apoyando con suavidad mis labios sobre su cuello. Su cabeza miraba hacia la pared, pero logré atraerla hacia mi para despertarlo.
Me asusté.
Lo zarandeé, le besé, le grité, le supliqué que despertara. Apoyé mi oído sobre su corazón, coloqué mis labios bajo su nariz.
Respiraba.
Estaba vivo.
Casi me reprendí por mi estupidez, pero realmente, se le veía quieto, como muerto. Había desaparecido por completo su característico sueño ligero, su sonrisa, su expresión. Parecía ido. "Está dormido" pensé, agitada "Está dormido"... Y lo estaba, muy dormido. Pero vivo, al fin y al cabo.
Entonces... ¿Por qué no despertaba?.
-Alan... Alan, responde, por favor... Despierta.
¿Alan?
viernes, 10 de diciembre de 2010
Publicado por
** .::Nara::. **
en
12:13
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario